Domingo 01 de Enero de 2023 | Matutina para Jóvenes | Principio de todo principio

Tiempo de lectura: 2 minutos

Principio de todo principio

Dios es amor, 1 Juan 4:8.

No hay suficientes palabras para definir a Dios. Aquellas que se le acercan son tan inmensas, que necesitaríamos la eternidad para comprenderlas. Una de ellas, quizá la más adecuada para nuestra comprensión, es la palabra amor. El amor es el principio de todo principio y será el final de todo fin.

Algunos insisten en que la fórmula que mejor define el universo es aquella que planteó Albert Einstein: E = mc2. Pero no es cierto. La fórmula magistral de la que surgen todas las mecánicas del cosmos es D = A (Dios = Amor). Por amor. Dios hizo los cielos y la Tierra. Y a nosotros. Moldeó lo más plástico de la materia porque su amor es creativo. Sopló con ternura su hálito de divinidad porque su amor es vida. Nos hizo plenitud en pareja porque en su amor hay diversidad y complementariedad. Nos lo ofreció todo por muy poco: reciprocidad. Que nosotros también demos amor, que seamos amor. El amor crece con el amor, y el amor que se comparte es exponencial. Nos dio la posibilidad de ser tan creativos como él y de inundar este mundo de arte. Y la posibilidad de dar vida y, además, aportar ánimo. Y la posibilidad de hacerlo en pareja, en familia, en sociedad. No solo nos mostró la fórmula, nos permitió vivir en ella.

El pecado ha desdibujado esa verdad, pero tenemos a Jesús para volver al principio de todo principio. Se dio por los pequeños y los grandes, porque para el amor no hay tamaños; por los jóvenes y los ancianos, porque para el amor no hay edad; por los ricos y los pobres, porque para el amor no hay clase social. Por ti y por mí, porque el amor es personal. Su sacrificio fue mucho más que una obligación, fue la oportunidad de mostrarnos cuánto nos quería. ¡Cuánto nos quiere!

Hoy comienzas un año. Hay muchos propósitos en tu corazón. ¿Aprender un idioma? ¿Adelgazar? ¿Ponerte en forma? Me parece bien. Sería, sin embargo, espectacular que perfeccionaras tu “amoroso” (podríamos llamar así al lenguaje del amor). O que adelgazaras tu ego (no deja mucho espacio a la ternura). O que continuases tu fitness de generosidad y empatia (un poco de ejercicio por los demás es sanísimo).

No es tan difícil, sigue el ejemplo de Jesús. Con él conseguirás cada uno de tus propósitos. ¿Te animas a un spoiler? Al final, todo será amor porque, a fin de cuentas, no hay mayor fin que ese: amar y ser amado.

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