Crecimiento espiritual por medio de la oración

Blog marzo 30, 2021
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Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

Mateo 7:7, 8

Los predicadores [y todos los] que quieran trabajar eficazmente para la salvación de las almas deberán ser estudiosos de la Biblia, y hombres y mujeres de oración. Es un pecado ser negligente en cuanto al estudio de la Palabra mientras se intenta enseñarla a otros. Quienes sienten el valor de las almas, huirán a la fortaleza de la verdad, donde pueden obtener sabiduría, conocimiento y fuerza para hacer las obras de Dios. No se dan descanso antes de haber recibido una unción de lo alto. SSJ 31.2

Ministros de Cristo [y otros] a quienes Dios ha hecho depositarios de su ley, ustedes tienen una verdad impopular. Deben llevar esta verdad al mundo. Deben darse advertencias… para prepararse para el gran día de Dios. Deben alcanzar a aquellos cuyo corazón está encallecido por el pecado y el amor al mundo. La oración continua y ferviente, y la seriedad en buenas obras los pondrán en comunión con Dios; su mente y corazón se empaparán de un sentido de las cosas eternas, y la unción celestial que brota de la relación con Dios será derramada sobre ustedes. Hará que su testimonio sea poderoso para convencer y convertir. Su luz no será incierta, sino que su senda se iluminará con la brillantez celestial. Dios es todopoderoso, y el Cielo está lleno de luz. Sólo tienen que usar los medios que Dios ha colocado en sus manos para obtener la bendición divina. SSJ 31.3

Sean constantes en la oración. Son sabor de vida para vida o de muerte para muerte. Ocupan una posición tremendamente responsable. Les ruego que rediman el tiempo. Acérquense a Dios en súplica, y serán como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que su hoja no cae, que da su fruto en su tiempo. Salmos 1:3… Vayan sólo a Dios, tómenlo al pie de la letra y tómenle la palabra, y permitan que sus obras sean sostenidas por la fe viviente en sus promesas. Dios no exige de ustedes oraciones elocuentes y razonamiento lógico, sino un corazón humilde y contrito, listo y dispuesto para aprender de él.—The Review and Herald, 8 de agosto de 1878. SSJ 31.4

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