Conviviendo con la fobia social en la iglesia

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Conviviendo con la timidez y la fobia social en la iglesia. Cómo construir relaciones y exponer sus pensamientos en público sin sufrir por el juicio de los demás.

Hablar o exponerse en público es una de las cosas que más produce ansiedad en las personas. Hay quienes solo se ponen un poco ansiosos, hay tímidos y hay quienes sufren de verdadera fobia social. Dentro de una comunidad religiosa, tenemos la oportunidad de vencer tanto la timidez como la fobia social. Sin embargo, es necesario que se tengan en cuenta algunos cuidados también en este medio.

¿Timidez o fobia social?

La timidez es un rasgo del temperamento que mucha gente puede tener. Hay muchas personas que hablan en público, son pastores, disertantes, profesores, presentadores de TV, pero son tímidos. Hace algunos años participé como disertante en un congreso joven en Portugal. Recuerdo que en esa ocasión había un pastor de la Asociación General (sede mundial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día) participando como orador. Él contó que era una persona tímida. Yo también hago presentaciones de cualquier tipo o cantidad de público y soy una persona tímida.

La timidez es un rasgo, no una etiqueta o una sentencia. Y, en mi experiencia personal, entiendo que mi iglesia ayudó mucho a reducir el impacto de esa característica en mi vida. Participar desde la infancia en los programas de la iglesia, ya sea cantando, recitando versículos o el Informe Misionero Mundial, contribuyó mucho para que eso sucediera. Esta es una de las razones por las cuales incentivo que nuestros niños tengan la oportunidad de desarrollar actividades regularmente en los programas.

Pero la fobia social (o ansiedad social) es mucho más que una timidez. Las personas con fobia social experimentan un nivel de ansiedad y miedo muy grande cuando deben hablar en público, conversar en privado con personas, o simplemente cuando son observadas. Muchas veces, sus padres también tuvieron algún tipo de dificultad con las interacciones sociales y no le dieron al niño oportunidad de exponerse. Y ya que no se desarrolló un repertorio conductual para interactuar socialmente, se adoptan estrategias para evitar que se refuerce más la mentalidad de la ansiedad social.

En el centro de la mentalidad de la fobia social hay una preocupación de que el otro me evalúe negativamente. Normalmente, esas personas tienen una mirada muy centrada en sí mismas y en sus posibles imperfecciones y temen que los demás vean eso. Es frecuente que la ansiedad misma entre en esa lista de imperfecciones que los demás pueden ver y, como consecuencia, los individuos con fobia social evitan las situaciones que los ponen ansiosos en público ya que sufren mucho con la idea de que los demás vean sus fragilidades.

Existir en la comunidad religiosa

¿Puede imaginar cómo es, para alguien que sufre fobia social, convivir en una comunidad religiosa? Como no andan con una camiseta que diga “Tengo fobia social” (y no lo harían, porque lo último que quieren es llamar la atención). Normalmente, las personas de la comunidad religiosa no saben que ese hermano sufre de ese trastorno y pueden interpretar mal su comportamiento.

Los demás pueden llegar a verlos como engreídos porque no interactúan tanto con las personas; pueden ser vistos como alguien no colaborativo porque se niegan constantemente cuando les piden que participen en las actividades de la iglesia; algunos faltan a la Escuela Sabática (clase semanal de estudios) para evitar la incomodidad de hacer una oración antes del estudio o comentar algo del tema de la semana. Cabe destacar la importancia de ser cuidadosos para no molestar a las personas, sino dejarlas libres para que participen cuando quieran y si quieren. Estar en medio de tanta gente en una iglesia es desafiante para quien sufre ese trastorno.

Parte importante del tratamiento para la fobia social trata de la exposición del paciente a situaciones que le generan ansiedad. Eso se hace con la orientación del terapeuta que capacita y educa psicológicamente al paciente para que la experiencia sea eficiente para reducir cada vez más la ansiedad en esas situaciones, en vez de traumar al paciente y reforzar la mentalidad ansiosa.

Aquí entra un cuidado más que, como iglesia, debemos tener: no debemos juzgar o criticar a las personas. Algunas personas que aceptan participar de las actividades de la iglesia no confían tanto en su capacidad de desempeñar bien su papel. Se sienten inseguros y, cuando nos sentimos así, aumentan las posibilidades de provocar una mala impresión en los otros. Y, cuando causamos una mala impresión, las personas no suelen reaccionar bien, lo que aumenta aún más la inseguridad para la próxima experiencia.

Si eso ya es molesto, aunque no sintamos ansiedad social, imagine cómo lo sufre alguien que sí sufre este trastorno. Por eso, si alguien se expone al responder una pregunta en el estudio de la lección, hacer una oración, anunciar un himno o simplemente al ir a la iglesia, cuide que su mirada o sus palabras no transmitan algún tipo de crítica o reprobación. Que su mirada transmita seguridad y palabras que motiven.

Diagnóstico y tratamiento

Si usted llegó hasta aquí y se identificó con el sentimiento molesto de miedo o ansiedad en situaciones sociales, sepa que en el Manual de Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales 5ª edición (DSM-V), existen diez criterios que deben evaluarse y cumplirse para que un paciente reciba el diagnóstico de fobia social. De esta manera, lo más indicado es que busque un profesional (psiquiatra o psicólogo) para que este evalúe si usted cumple los criterios para el trastorno o no y le indique el mejor tratamiento. Incluso en el caso de que sea solo timidez (sin un trastorno), se indica un acompañamiento psicológico para que la persona supere las limitaciones que surgen de este temperamento.

Un buen tratamiento psicológico de la ansiedad social le enseñará a reconocer los pensamientos que activan esa ansiedad para que pueda modificarlos. Además, contará con un plan estratégico para exponerse gradualmente a las situaciones generadoras de ansiedad y poder llegar a ser menos sensibles a ellas.

Autor: Karyne Correia, psicóloga y magíster en Psicología, trabaja en el área clínica y realiza atención psicológica online. 

Publicación original: Conviviendo con la timidez y la fobia social en la iglesia

La entrada Conviviendo con la fobia social en la iglesia se publicó primero en Revista Adventista de España.

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