¡A la ley y al testimonio!

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El enemigo es un experto en confundir las mentes. Lo que más odia es la verdad y hará todo lo posible por tergiversarla, ocultarla y mezclarla con el error.

La Biblia afirma que Jesús dijo: «Yo soy la verdad» (Juan 14: 6). Además, afirmó que la verdad nos haría libres (Juan 8: 32). En una larga oración de Jesús, además de orar por la unidad de su pueblo, le pide a Dios que santifique a sus seguidores en la verdad: «tu palabra es verdad» (Juan 17: 17). El salmista dijo que los preceptos de Dios y su ley son verdad (Sal. 19: 9; 119: 142).

Jesús es la verdad; su palabra es verdad, y su ley también lo es.

El problema es que en el mundo no solo existe la verdad. El discípulo amado advirtió que en el mundo hay «espíritu de verdad y espíritu de error» (1 Juan 4: 6). Mientras que la verdad conduce a la libertad y a la vida, «la senda del error conduce a la muerte» (Prov. 12: 28).

Hay quien dice que no hay Dios. La Biblia contradice tal afirmación. Dios creó los cielos y la tierra. Intervino en la historia y llegó a ser «Dios con nosotros» (Mat. 1: 23).

Hay mentiras claras y otras mucho más sutiles. Hay quienes utilizan estrategias para engañar, empleando con astucia las trampas del error (Efe. 4: 14). Unen textos inconexos, tergiversando pensamientos y sugiriendo traducciones alternativas. Hay quienes llegan a afirmar que cualquier cosa es verdad.

Es sorprendente ver el «éxito» que tienen ciertas enseñanzas contrarias a la Palabra de Dios. Aunque quizás no debería sorprendernos tanto, porque se nos dijo que en los últimos días esta iba a ser la tónica constante. De hecho, cuando vamos al tiempo de Jesús, nos encontramos con los saduceos quienes, teniendo acceso a las Escrituras, negaban la resurrección. A ellos, Jesús les dijo: «Estáis en un error, por no conocer las Escrituras ni el poder de Dios» (Mat. 22: 29). Ignorar las Escrituras, o seleccionar solo algunos pasajes aislados que parecen dar razón a ciertas teorías o enseñanzas (doctrinas) que algunos promulgan, es muy peligroso, porque nos aleja de la verdad.

El universalismo

Tomemos el caso de los que afirman que, al final, Dios salvará a todo el mundo. Se les conoce como universalistas y afirman que Dios es tan bueno que salvará a todo el mundo, porque, al final, todos reconocerán la belleza de su carácter. He llegado a escuchar que, incluso, Satanás tendrá un cambio de corazón y volverá a ser el Lucifer que fue siendo readmitido en el cielo. Rizando el rizo, hay quien me ha llegado a decir que el plan de Redención, que fue establecido en el concilio divino antes de la fundación del mundo, era para los ángeles caídos que somos nosotros en forma humana. Fuimos, dice la persona, engañados en el cielo, pero esta es nuestra oportunidad de volver al lugar del que caímos.

Fábulas. Ya se lo dijo Pablo a Timoteo: «Predica la palabra e insta a tiempo y fuera de tiempo. Redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina, pues vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias pasiones, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas» (2 Tim. 4: 3-4).

Siendo que la enseñanza de Jesús es la máxima expresión de la verdad, a él acudimos para discernir esa verdad que nos hará libres del error. 

«No os asombréis de esto; porque va a llegar la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación» (Juan 5: 28-29).

La Biblia es clara

Desde la isla de Patmos, Juan escribe con claridad: «Ellos volvieron a vivir, y reinaron con Cristo mil años. Esta es la primera resurrección. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron los mil años. Dichoso y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre estos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años» (Apoc. 20: 4-6).

«El que salga vencedor heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda» (Apoc. 21: 7-8).

Son muchos los textos que podríamos citar, pero me llama la atención cómo expresa Salomón la misma verdad que hemos leído en Jesús y en Juan: «Yo también sé que les irá bien a los que a los que muestran temor y reverencia ante Dios. En cambio, no le irá bien al malvado, ni le serán prolongados sus días, que son como sombra…» (Ecl. 8: 12-13).

Las preguntas y respuestas de Malaquías

El profeta Malaquías tiene un estilo muy interesante. Mediante preguntas y respuestas, nos muestra el conflicto que Dios tenía con su pueblo. Uno tras otro, Malaquías señala los desencuentros entre la verdad de Dios y el error de los hombres. De esta manera, relacionándolo con el tema que nos ocupa, presenta el pensamiento de aquellos que consideraban que, al final, no era tan importante tomarse a Dios en serio, puesto que a los que no lo hacían, las cosas les iban mejor. Escucha al profeta y lee con atención la respuesta de Dios:

«Habéis dicho: Por demás es servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos sus normas, y que andemos afligidos en presencia de Jehová de los ejércitos?
Ahora, pues, llamamos dichosos a los soberbios; los que hacen impiedad no solo son prosperados, sino que tentaron a Dios y escaparon… Entonces volveréis a discernir entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.

»Porque he aquí que está por llegar aquel día, ardiente como un horno; y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán como el rastrojo; aquel día que está para llegar los abrasará, dice Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.

»Mas a vosotros, los que teméis mi nombre, os nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros del establo. Pisotearéis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, dice Jehová de los ejércitos» (Mal. 3: 14-15, 18; 4: 1-3).

¡A la ley y al testimonio!

Siendo que la enseñanza es clara, cabría preguntarse el por qué algunos se empeñan en predicar el error, y por qué parecen hacerlo con un cierto «éxito». Ya lo advirtió el profeta Sofonías: «Acontecerá en aquel tiempo que yo escudriñaré a Jerusalén con linterna, y castigaré a los hombres que reposan tranquilos como el vino asentado, los cuales dicen en su corazón: “Jehová ni hará bien, ni hará mal”» (Sof. 1: 12).

Rechazar la verdad tiene consecuencias. Antes hemos citado el proverbio que dice que «la senda del error conduce a la muerte” (Prov. 12: 28). Pablo afirma que los que se empeñan en rechazar la verdad acabarán hechizados por el error (ver 2ª Tesalonicenses 2: 1-12). El diablo está empeñado en confundir, y sabiendo que le queda poco tiempo, está rabioso e intensifica su estrategia de maldad.

Frente a sus poderosos engaños, «¡a la ley y al testimonio!» (Isa. 8: 20). Como adventistas, nos alimentamos del pan del cielo: la Palabra de Dios. Toda la Palabra de Dios (Luc. 4: 4). Sin añadir o quitar (ver Apoc. 22: 18-19). Porque, aunque estemos rodeados por la mentira, la verdad prevalecerá.

Dios te bendiga.

Autor: Óscar López, presidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España.
Imagen: Shutterstock

 

 

La entrada ¡A la ley y al testimonio! se publicó primero en Revista Adventista de España.

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